La normalidad es algo que le costó aceptar porque, seamos sinceros, a nadie le gusta nada que algo no pertenezca, al 100%, a uno mismo; no cualquiera apreciaría el valor de algo tan simple como compartir amor, besos o tizas sabiendo que se van a gastar y que cada vez que no la usas tú, una parte se pierde.
Pues de esa base salían sus mundos de colores; de colores y de aromas, pero mundos, llenos de materia. Cada idea que salía de sus orejas estaba teñida de su singular visión, de su singular oído, de su singular mente...de su singular igualdad al resto, lo que desconocía.
Nunca llegó a pensar que nada es compartido porque aunque la pirámide que cojan 2 personas sea la misma, ni la una ni la otra sentirán lo mismo, dependerá del lado, de las puntas, de cuánto se rocen sus dedos...de éso dependerá que sus almas realmente compartan algo o no, de que sus miradas se conecten, y no de que toquen el objeto millones de personas porque, aceptémoslo, nada nos conecta, ni la conducción, ni la convección, ni la radiación, nada más que aquéllo de donde surgimos, de aquella estrella que cansada de monopolizar todo, reventó en mil personalidades, con más o menos pelo, más o menos tamaño...
Fuera como fuese se sentía como el soldado que lleva la bandera blanca, sin saber si va a recibir un tiro, un golpe o lo recibirán con la efusividad de quien quiere volver a casa. Sentía la destrucción desde el más puro centro de su alma cuando su futuro se vio reducido a tan pocas posibilidades, así que cruzó una de las pocas puertas que le quedaban, y tras esa puerta estaba la "normalidad" de la que hablamos, esa forma de cruzar tantas vidas desde una sola perspectiva e ideal normo-implantado.
Colgó sus botas con las que corría por los prados que desde su corazón nacían. Abandonó sus alas con las que se atrevió a ver el mundo desde los cielos. Quemó sus cuadernos donde dibujaba las sonrisas que veía.
Se vistió de barrotes, y tanto hierro cargó que su corazón bombeaba más deprisa. Abrió un paraguas para no ver más su techo, para no volver a tener ganas de volar. Organizó papeles en una seria cartera de color marrón para mantener sus ideas en secciones, para que nunca más se volviesen a entrelazar.
Y cerró la puerta tras de sí, y su cola se ajustó fuera, mientras sus ojos llorosos dejaban dentro algo. No era papel, ni pluma, ni cuero, ni plástico. No era tela, ni metal. Lo que dejó dentro, sin lugar a dudas, fueron esos mundos de colores y aromas. Su repoblación del amazonas, su lluvia en el Sahara, la falta de población en su China y sus bares de copas a medio cerrar. Dejó las sonrisas que escuchó, las conversaciones que mantuvo, las miles de miradas que lanzó y las infinitas caricias que regaló. Dejó atrás para poder ir adelante, y no vio más futuro que un folio en blanco...Y en aquel folio no había más que plasmar que aquéllo que quisiese ser.
Y ella decidió ser normal, y así, creó nuevos mundos, pensando que abandonaba su anterior existencia, se abalanzó a, de nuevo, imaginar.
martes, 6 de noviembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
Un poco de Steve Alten:
"Soy la ira.
Un agujero negro de ira.
Perdido en la eternidad.
La criatura abandonada de Dios.
Hirviendo de furia, aprisionada entre sus paredes invisibles.
La confluencia de la amargura hace fermentar mi alma.
Soy el producto de la injusticia, el egoísmo y la avaricia.
Soy el vacío que probó el amor y lo perdió para siempre.
Aborrezco la existencia.
Estoy flotando a la deriva en mi propio océano de odio.
Soy el in de la humanidad y su principio.
Soy Hun-Hunahpú y el universo se ríe de mí.
Soy...Michael Gabriel."
Extracto del principio de "La resurreción maya", de Steve Alten.
Un agujero negro de ira.
Perdido en la eternidad.
La criatura abandonada de Dios.
Hirviendo de furia, aprisionada entre sus paredes invisibles.
La confluencia de la amargura hace fermentar mi alma.
Soy el producto de la injusticia, el egoísmo y la avaricia.
Soy el vacío que probó el amor y lo perdió para siempre.
Aborrezco la existencia.
Estoy flotando a la deriva en mi propio océano de odio.
Soy el in de la humanidad y su principio.
Soy Hun-Hunahpú y el universo se ríe de mí.
Soy...Michael Gabriel."
Extracto del principio de "La resurreción maya", de Steve Alten.
lunes, 27 de agosto de 2012
Verde, color melón.
![]() |
| Melómanos con nuestra música de fondo. El de hawaiano soy yo. |
No siempre me pasa que veo la vida del color de lo translúcido. Nado entre su aire y lo hago sin objetivos claros hasta que una luz se cuela entre lo que quiera que haya en el agua de mar donde siempre me he bañado, en esas costas verdes más que cristalinas. Lo que quiero decir es que hallas un hilo de luz, que sabes que está lejos y, simplemente, nadas hacia ella esperando por fin poder soltar toda tu botella de oxígeno, con lo que pesa, y poder respirar aire por tu nariz sin miedo, poder parar y gritar sin miedo a "ahogar" tu grito en la inmensidad.
Ron en un melón o cañita en jarrita, amigo a mi derecha con mirada maltrecha o colega a mi izquierda perdido en lo que es para él su hierba, da igual. Mi casa, mi aire, mis amigos, mi melón, mi alcohol, mi cañita y la noche como telón de fondo, sabiendo que se tirará sobre nosotros y nos comerá, ahí seguimos, entre humo de tabaco y cachimba sin limpiar, lo que, por supuesto, nos caracteriza. Por una vez no estoy más pendiente de lo que pone en los manuales que de lo que está pasando, intento aprender de mi derecha y de mi izquierda, de como la vida puede ser tan dual que hasta en una sola habitación puede haber realidades tan separadas, formas de afrontamiento tan bestialmente diferentes al mismo hecho.
Cuando, más tarde, pasamos a reírnos de la inocencia y la "magia" inundó el espacio que nos permitía mi salón, cuando el mago ríe si le sale el truco bien y el espectador se queda boquiabierto escudriñándolo todo en busca de la carta chivata o de la mano traidora que le avisó de qué decir o elegir, la realidad dual cambió. Por un lado, tuve a mi izquierda el nerviosismo de destapar lo que de verdad escondía la magia y, por mi derecha, la clara sonrisa de boca abierta y carcajada que hace al público sentirse mágico, ante un milagro, casi. No sé si fue el alcohol o la situación lo que me hizo pensar, lo que me hizo sentir que algo fluía más allá de las cañitas y nuestras arterias y venas.
Las risas en la cocina porque no me sale el zumo del melón o el hambre saciada por una pizza valieron la pena para darme cuenta de que, quizás, la sonrisa de pequeña probeta exista o no, ¿pero hasta qué punto vale la pena preocuparse mientras siga teniéndola? Como todo, sé que la perderé, sé que me arrepentiré de habérmela puesto y empiezo a comprender que este es mi ciclo, ésto es lo que me duele; vuelvo a estar "enamorado" de algo que sé que se irá y, de nuevo, no haré nada para remediarlo, sólo disfrutar de su presencia, de "sus" sonrisas y de las noches, tardes o mañanas de sexo.
No obstante, me gustaría puntualizar que la casa se quedó sólo anfitriona de 3 bocas suspiradoras, mi derecha y mi frente conmigo. No sabiendo qué hacer me ofusqué porque mi máscara de probeta me obligaba a difundirse, pero debo también aceptar que los estados anímicos se pegan, sí, pero normalmente de forma negativa, es decir, la felicidad cuesta contagiarla, cuesta mucho.
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